LA PRUEBA CUÁDRUPLE

La depresión se abatía sobre el mundo en el año 1932, y las actividades económicas estaban al borde del colapso cuando una importante empresa norteamericana pidió a Herbert Taylor se hiciera cargo de su dirección.

Este hombre de acción y pensamiento, que con el tiempo llegaría a ocupar la presidencia de Rotary International, se daba cuenta que en la lucha despiadada de los negaciones los principios de solidaridad humana y de equidad eran olvidados las más de las veces, si eventualmente podían ser obstáculo al ansia inmoderada de lucro, y que frente a esta situación
adquiría caracteres de urgencia la adaptación de medidas que corrigieran o modificaran estos procedimientos.

Fue así, como en sus nuevas actividades dio aplicación práctica y efectiva, con un inmediato florecimiento de los negocios, a un breve conjunto de reglas morales que han recibido el nombre de “Prueba Cuádruple” y cuyo somero estudio es materia de este trabajo.

La Prueba Cuádruple es una pauta para apreciar el grado de equidad con que actúa el hombre dentro de la sociedad, y sus breves frases encierran un verdadero Código de ética, que abarca tosa las múltiples facetas de la vida actual.

Estas cuatro normas, expresadas en forma de preguntas, son las siguientes:

1.- ¿Es la Verdad?

2.- ¿Es Equitativo para todos los Interesados?

3.- ¿Creará Buena Voluntad y Mejores Amistades?

4.- Será Beneficioso Para todos los Interesados?

Las cuatro preguntas se dirigen a la conciencia íntima del individuo, y son a modo de cuatro tamices, cada vez más finos, para ir limpiando la acción individual de cualquier impureza, a objeto de alcanzar la meta del acto justo, equitativo y moral.

Analizaremos por separado cada pregunta.

Primera: ¿Es la Verdad?

Esta pregunta es la piedra angular, el eje o centro de las restantes, que van íntimamente encadenadas y en inmediata secesión.

Si fuera a definirse lo que es la verdad, y desentrañar su contenido esencial, sería invadir los complejos campos de la filosofía, labor que, a más de escapar de nuestras modestas posibilidades, no estaría en consonancia con la sencillez y brevedad que deben imperar en los trabajos rotarios.

Dentro de las variadas definiciones de lo que es la verdad, hay una que la señala como la conformidad y consecuencia de lo que se piensa, de lo que piensa y de lo que se hace.

Esta definición en la que predomina el elemento subjetivo podría aplicarse con entera propiedad a la acción individual enfocada a través de la primera pregunta de la Prueba Cuádruple, por estar ella dirigida a la conciencia del individuo, siendo solamente él quien pueda identificar su acción con lo que, en su concepto, es la verdad relativa a esa acción.

Es innegable que la verdad exigida en la Prueba Cuádruple no obliga al individuo a decir o expresar a fondo el conocimiento exacto que tenga de la situación afecta al negocio o discusión. Lo que se obliga, eso si, en forma intransigente, es a eliminar el dolo y el engaño, a no aprovecharse del desconocimiento ajeno y a no perjudicar a nadie.

No podría exigirse la exposición indiscriminada de la verdad, ya que con ello podría divulgarse la técnica, las formulas, la organización o el sistema de una industria o empresa, que pueden ser patrimonio exclusivo suyo, o que pertenezcan al fuero interno del que posee ese conocimiento.

Asimismo, por raras excepciones, podría no ser exigible toda la verdad si con ello se va a ocasionar un mal mayor.

De esta manera creemos que dentro de la veracidad que exige la pregunta, hay dos aspectos: uno relativo, que se refiere a la verdad misma, o sea la máxima coincidencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, y otro absoluto, que es la total eliminación en la acción y en el pensamiento de todo vestigio de mala fe, de mentira y de engaño.

Segunda: ¿Es Equitativo para todos los Interesados?

Los alcances de esta pregunta salen del fuero interno de cada individuo para acudir al exterior, con todas las contingencias que emanan del pensamiento y de la acción de terceros.

Esta norma descansa en el propósito esencial de la justicia, o sea dar a cada uno lo suyo. Y para llegar al fiel de la balanza, a la verdadera equidad, hay que considerar la situación personal de las partes que intervienen en una gestión o negocio determinado.

Por lo general, hay unos que están en situación de dictar condiciones, y otros que deben aceptarlas, sin poder aspirar, más que, a lo sumo, a pequeñas modificaciones a su favor.

Los primeros, colocados frente a un examen moral de sus actos, podrían argumentar que ellos son lícitos, de acuerdo con la ley o con las costumbres, pero para cumplir con el espíritu de la pregunta debe darse al interesado cuya posición está disminuida frente a la solución definitiva del negocio, la misma posibilidad que tiene el más poderoso. Así, pues, sólo podría hablarse de una verdadera equidad, de una actitud levantada y edificante, cuando exista una justa equiparidad entre lo que damos y lo que recibimos.

Tercera: ¿Creará Buena Voluntad y Mejores Amistades?

Esta pregunta contiene la esencia de nuestro movimiento rotario en acción.

Sabemos que el conocimiento mutuo y la amistad con ocasión de servir es una la bases de la existencia y desenvolvimiento de Rotary.

Por eso, al cumplir cualquier acto de nuestra vida profesional, comercial, empresarial o funcionaria, debemos ver si con ella podrá crearse una atmósfera de simpatía y comprensión que pueda aumentar el círculo de nuestros buenos amigos.

Si la respuesta es afirmativa, habremos salvado la tercera valla para llegar al cumplimiento de un acto cabal y honesto dentro del Código de moral que estudiamos.

Finalmente, la cuarta pregunta: ¿Será Beneficioso para todos los Interesados?

Desde luego, debemos alejar la idea de un beneficio material inmediato e inmoderado. Al realizar nuestras obras no debemos olvidar que actuamos en función de la sociedad en la cual vivimos, por lo que no puede perderse de vista el bien común, de modo que la ventaja o beneficio que obtengan todos los interesados no debe ir en detrimento de la colectividad, que, por lo general, no aparece como agente directo en las relaciones de los seres humanos, salvo cuando actúa bajo la forma de las autoridades competentes.

Puede un negocio ser brillante, traer ingentes beneficio materiales, en forma equitativa para todos los participantes, pero si lesiona o vulnera los intereses superiores de la sociedad, tal acto resulta nocivo y censurable, y debe ser eliminado o modificado.

Nos referimos a los actos que escapan de las prohibiciones legales o reglamentarias, pues de encuadrar en ellas podrían incluso adquirir formas delictuosas, y harían innecesaria la censura desde el punto de vista del Código moral de la Prueba Cuádruple.

Queremos aludir a tantos actos y negocios con apariencia de legalidad e inatacables por ese ángulo, pero que incuestionablemente perjudican a la sociedad, muchas veces sin que los participantes se den cabal cuenta de sus proyecciones, seducidos por los suculentos resultados.

En estos casos donde resulta no sólo necesaria sino urgente e imprescindible la plena aplicación de la norma de conducta contenida en la cuarta y final pregunta de la Prueba Cuádruple.

La fe espiritual y moral que surge de las preguntas ya estudiadas es enorme, y su aplicación irá paulatinamente arrojando beneficios incalculables.

La base de la Prueba Cuádruple es un concepto de honradez intransigente y activa, y la aplicación práctica de sus principios cubre todos nuestros actos, de modo que su fiel y cabal cumplimiento podrá al correr del tiempo modificar sustancialmente las relaciones humanas, tanto individuales como colectivas, refiriéndonos en ellas a la conducta de los Estados entre sí, lo que podrá traer en el años del porvenir días mejores, más prósperos y más felices, que es la aspiración constante y eterna de la Humanidad.